lunes, 28 de febrero de 2011

El truco del almendruco

Ya tengo nueva casa. Y la verdad es que está bastante bien.

Es un apartamento de 30 metros cuadrados que incluye una habitación-salón con una pequeña cocina, un hall con un armario grande y un baño separado. Aunque podéis ver las fotos, os describo un poco cómo es. Cuando entro tengo como un hall con un armario, y desde el que puedo acceder al baño y a la habitación.  El baño es bastante amplio, y tiene una bañera en vez de ducha. La habitación es como un salón en el que hay un sofá que realmente es la cama. Hay una gran alfombra que engloba la zona de la cama, una mesa central -- de alta como una mesa de café -- y un escritorio. Luego, en un rincón, una cocina pequeña pero que tiene de todo: mesa para comer con dos sillas, frigo, horno, kettel, cafetera, utensilios de cocina varios y un armario escobero.






Respecto al barrio, a pesar de que está algo lejos del centro y tener que depender del transporte público, está bastante bien. A menos de un minuto andando tengo: tres supermercados, un medio centro comercial, frutería, un bar donde ponen la Champions, una cafetería pequeña, tiendas varias, peluquería, un kebap, un chino, un banco, una central de correos, etc. Si ya ando hasta unos cinco minutos tengo una avenida llena de comercios: panadería, farmacia, otro bar de fútbol, restaurantes alemanes, italianos, cafeterías, etc. La verdad es que está de lujo, no me puedo quejar.



Bueno sí, tengo una queja: el váter.
El váter es el típico alemán, que tiene como una bandeja -- o terraza -- en vez de ser profundo como el nuestro (ver el gráfico abajo). El sistema es que el meaillo o la mierdecilla se quedan en esa bandeja para que luego tires de la cadena y, de la misma forma que el Tutuki Splash de Port Aventura (ver aquí), aparece un caudal a presión que barre todo lo que hay ahí sin dejar rastro. ¡¡Qué buena idea la de estos alemanes!! puedes estar pensando. Pero no. Estos alemanes pensaron en eso porque el agua baja con más presión y arrastra todo. Sin embargo, además de tener que mear siempre sentado -- que eso es otra cosa de los alemanes --, y de que como vayas en plan churrero puede que el sistema te haga perla, no contaron con el tiempo existente entre la evacuación y el tirar de la cadena. Siendo más explícitos, no contaron con el tiempo que hay entre el momento en el que tú depositas -- llamémosle de una forma fina -- tus cristales de Swarovski en esa bandeja de plata, y el momento en el que tiras de la cadena. A lo mejor ellos están acostumbrados, pero por lo menos para mí eso es una cerdada del 15.



Pero bueno, siempre tendremos el "truco del almendruco". Hay varios trucos del almendruco en la vida, pero lo que viene a ser "el truco del almendruco del cagar" es único. Este truco surgió -- esto lo estoy improvisando -- de la máxima que todos conocemos de que "como en mi casa no cago en ningún sitio". Entonces, lo mismo en tu casa te da igual, pero cuando realizas el acto de giñar fuera de tus dominios tienes que ser cuidadoso, sobre todo si hay más personas. Entonces entra en acción el truco del almendruco. El truco consiste en que justo en el mismo momento en el que lo que viene a ser el pino queda perfectamente plantado, tiras de la cadena y aquí no ha pasado nada: ¿Tu has visto algo? Yo no. Siempre puede haber alguna pérdida o fuga de aromas, pero nada preocupante y que no pueda achacarse a una mala fosa séptica o a problemas en el sifón, así que nunca quedarás en mal lugar. Por lo tanto, optaré por utilizar el truco del almendruco -- las veces que sea necesario -- para poder disfrutar plácidamente de mis momentos de reflexión. Y todos contentos.

Finde calenturiento

Bueno, bueno, bueno...
Vaya un fin de semana que hemos tenido en España: sol, buena temperatura, cervezas en las terrazas, aperitivos, la vuelta a la playa, etc. Y seguro que algún atrevido o atrevida hasta se ha metido en la playa a darse un baño.

Os mando esta foto para que veáis que aquí también se está agustito, y que también tenemos ríos la mar de apetecibles para darnos un baño de vez en cuando. Así que no sufráis por mí ¬¬



No sé si se puede apreciar bien, pero sí, es un río congelado. La semana pasada empezó a apretar la cosa, y cuando se tira unos cuantos días así el río se congela por encima. Todavía hoy está congelado, a pesar de que llevamos un par de días sobre cero. De todos modos os vuelvo a repetir que el frío no es igual que allí. Aquí con 0º vas de lujo ahí con tu abriguillo y tu bufanda, pero con 0º en el Puerto no hay cojones a vivir.

Respecto al calorcillo, ya me ha contado más de una persona que Berlín con el buen tiempo cambia por completo: gente en las terrazas tomando algo, las playas artificiales a la orilla de los ríos principales, el gran parque central, la gente jugando al voleyplaya, etc. Ellos te dicen: "lo malo es que algunos días hace un calor insoportable, lo mismo 30 ó 32 grados". Y yo: "ufff, sí sí, se os presenta la muerte en persona, con guadaña y todo". Así que estoy contando ya para la llegada de esos días. Creo que no me equivoqué cuando metía presión para venir hasta el final de Julio, y ahora me alegro bastante.

El siguiente gráfico muestra las medias de temperatura en el año. Yo pienso que por lo menos este mes de Febrero ha sido algo más fresco. Y ya si le preguntas a alguien por Diciembre, todos coinciden en que fue la muerte, con 30-40 centímetros de nieve por todos lados y medias de una mínimas en torno a los -15º. También hice bien eligiendo empezar en Febrero.

domingo, 27 de febrero de 2011

Burocracia

Merkel, me has tangado. Tú y tu gobierno de burocracia desmedida me habéis tangado. Tu gobierno de papeleo sin límites y esperas burocráticas, el cual me hará rellenar un formulario para entrar a cagar a un water público cualquier día de estos, me ha tangado.


Pues eso, que el otro día me la liaron con el papeleo para poder registrarme como alumno. Al final tuve que pagar una traducción, pegarme un viajezaco, y esperar unas cuantas horas en diferentes días para poder gestionar todo. Pero al final, nada.

Y es que la burocracia en Alemania es algo especial. Parece mentira que en un país tan adelantado -- yo tampoco lo veo mucho más avanzado que España, en serio -- y en la "Era de la Comunicación" que estamos, haya que rellenar tantos papeles. Ya me lo advirtieron los compañeros al llegar, y tenían razón.

La verdad es que la cosa funciona bien y eficientemente. Los funcionarios aquí no se escaquean a almorzar -- para los lectores funcionarios aclarar que con esto no quiero generalizar, pero ya sabemos todos cómo funciona el tema en algunos sitios -- ni a por los hijos al colegio. Ya os hablaré algún día de que aquí está bien visto que tu vayas a una reunión o charla con tu comida en la mano, de que comas en tu puesto de trabajo, que estés en el trabajo con tu bebé llorando y molestando al personal, o que vayas en calcetines por el pasillo del trabajo. De hecho, el último día en el que estuve gestionando estos papeles, la que tenía enfrente se estaba comiendo un bocata mientras yo le contaba mis penas, y encima con un hambre del copón, que me estaba dando hasta ardor de estómago de tragar saliva.

Pero a pesar de funcionar bien, tienen el problema de que tienen papeles para todo, muchos de los cuales tú tienes que rellenar. Y lo malo es que como esto es tan grande, y que para cada papel tienes que ir a un sitio diferente, pues no es muy difícil echar la mañana para dos papeles de ná. Y luego las esperas. Si tienes suerte la cosa va bien y esperas 5 minutillos de nada, pero si no, puedes echar hasta dos horas esperando para luego gestionar un papel en 5 minutos. Y si a eso le añadimos a que aquí el nivel de espesismo es mayor -- yo también pienso que el personal éste se ducha un poco menos que nosotros --, pues la espera se hace algo más agónica.

Si algún día tenéis que pelear con ella, sed pacientes, que lo necesitaréis.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El sol en Berlín

El sol en Berlín es curioso. El hecho de consultar el tiempo en internet es una costumbre que se ha apoderado de mí desde que estoy aquí. Lo miro por lo menos dos o tres veces al día, cuando es muy raro que cambie en un mismo día, incluso en dos. Pero yo lo miro, porque me gusta. 

Si alguna vez consultáis el tiempo en Berlín podéis ver que muchos días pronostica sol, nada de nubes. Pero no, este sol no es como el de allí, este sol es como el colacao del Mercadona, te la meten. Un solezucho escondido ahí entre una cosa que para ellos no son nubes -- pero para mí sí -- y de vez en cuando es verdad que ves salir el sol, pero es como si apretara menos, como si no tuviera fuerza, como si saliera sin gracia.

Pero el sábado pasado me levanto, harto de dormir, abro el ojo, ¿y qué veo? Un sol radiante que daba miedo, los pájaros cantando, nada de aire, ni rastro de nubes. Sólo faltaba asomarme al balcón y ver la puerta del Avenida enfrente. Se me aceleró hasta el pulso. Y entonces me dije: me tiro pal pueblo ya. Me pongo mis pantalones de chándal, mis tenis -- para los de fuera: sí, en el Puerto son tenis --, una camisetilla y una chaquetilla de esas deportivas de montaña. En la segunda leja una funda roja que contiene mis preciadas gafas de sol que allí nunca me quito, y que aquí todavía no había podido ni sacar. Están todavía limpias desde el día que me vine, que hacía un solecito del bueno bueno. Me bajo hasta el portal, me planto delante de la puerta todo emocianado, inspiro largo, expiro largo, abro la puerta y...

Su puta madre con todas las letras!!! ¿Cómo es posible que pueda hacer tanto frío? Con el sol que hace. ¿Cómo es posible que canten los pájaros? Si tienen que estar -- nunca mejor dicho -- pajaricos. La virgen, que disgusto más gordo. Media vuelta y a por el abrigo.

Y es que sol en Berlín no significa 15 o 20 grados con los que te puedes tomar una cervecilla alegremente con tu chaquetilla en la terraza del Lila. No!! Sol en Berlín significa que por mucho que no lo parezca, puedes palmarla en cualquier momento como te despistes mucho rato en la calle y sin abrigo. Y es que como podéis ver en la imagen, lo mismo te pone que va a hacer sol radiante y te cascan -10º, con dos cojones el tío. Seguro que mientras lo escribía se le reían los huesos. Sin ir más lejos, esta mañana hacía sol, y cuando miro el termómetro hacía -11º. Menos mal que la dinamo de mi bici hace una resistencia equivalente a la de un molino de Iberdrola y tengo que ir asfixiaico y breaico para conseguir que ande una miaja.

Así que si alguna vez decidís venir aquí o por aquí en invierno ya sabéis: cuidado con el sol.

martes, 22 de febrero de 2011

Absurdo

Dejadme filosofar. El ser humano a veces es absurdo, y como absurdo que es, a veces hace absurdeces, obviamente. Un ejemplo es cuando alguien hace un agujero en un río congelado y se da un baño mientras pone cara de alegría y de que todo va perfectamente bien. Mientras, nosotros debajo de la mesa de camilla bien calenticos sabemos que no todo va tan bien como esas sonrientes caras pretenden fingir. Otro ejemplo es cuando alguien se clava 8 ganchos del jamón en la espalda y se cuelga del techo usando una cadena. Levanta el dedo como si fuese la sensación más placentera del mundo e incluso se atreve a sonreír, pero todos sabemos que no. Sin embargo, cada uno y cada una tienen sus motivos para hacerlo tantas veces como quieran y de la manera que quieran, y seguro que si conociéramos esos motivos no pensaríamos que esas cosas son absurdas, sino que están sólidamente fundadas y cargadas de razón.

Pues todo este rollo viene porque yo ayer también pequé de gilipollas absurdo. Llego a mi casa, meriendo mientras hablo con alguno de los de aquí, y me voy a mi habitación. Enchufo el ordenador y nada. Acabo de levantarme de mi puesto de trabajo hace media hora y no ha cambiado tanto el mundo como para tener algo interesante que leer. ¿salir a la calle? Imposible, hacen -6º y estar más de un cuarto de hora ahí afuera se convierte en posible causa de muerte. Pero la oferta aquí no es demasiado atractiva... a ver... ¿y si me voy a correr?

Ahí está lo absurdo. Sólo un segundo después de justificar que no se puede ni salir a la calle piensas en irte a correr. Pero en realidad no lo es tanto, porque probar una nueva experiencia, pasar un poco de frío, y salir un poco a foguear no le hacen mal a nadie. Así que nada, decidido, a correr se ha dicho.

Me pongo mis mallas térmicas, camiseta térmica, cortavientos, braga, etc. vamos, el equipo básico de guerra ruso. Me pongo el MP3... algo alegre que hay que darle caña a las piernas, algo de fuerza extra por las orejas... "System of a Down", perfecto. Estiramos bien para no cagarla, y a la calle. Salgo a toda leche para entrar en calor lo más rápido posible, pero después de 1 minuto empiezo a relajarme. No es necesario que vaya a toda leche, no es necesario que me deje el físico para intentar ir lo más caliente posible porque tampoco es para tanto, tampoco he sentido mil cuchillos clavándose en el cuerpo como pensaba que iba a sentir antes de salir a la calle, tampoco hace tanto frío. Y creedme: tampoco hacía tanto frío. A pesar de que al principio entraba el aire algo frío por la boca -- todo puede ser por la euforia inicial -- no hacía tanto frío.

Mientras corría me di cuenta de que estamos preparados para hacer muchas más cosas de las que pensamos, y que hasta que no te pones y las haces no lo descubres. Que un número que indica la temperatura exterior parece que te impone una barrera, pero si lo piensas bien es sólo eso, un número. ¿Una absurdez? Puede, pero para mí no. Para mí no porque simplemente experimentar algo nuevo y de paso explorar un poco mis límites ya me vale mucho más la pena que haberme quedado en mi casa, como muchas veces que me quedé en estas y otras cosas. Para esas personas que se bañan en un río helado o que se cuelgan del gancho del jamón puede que tampoco. Ahora los entiendo un poco más.

Al final la experiencia bien. No fue mucho tiempo, unos 25 minutos -- por razones obvias --, pero fue gratificante. E incluso volví a ver cosas nuevas, y lo mejor de todo, un tío en la calle en sudadera y pantalones cortos como de venir de jugar al fútbol, con dos cojones. Pero no pensé que fuera un chalao, porque para chalao ya estaba yo haciendo carrera. Y lo volveré a repetir, seguro.

Lo siento mucho, pero lo avisé al principio, iba a filosofar.

sábado, 19 de febrero de 2011

das Pfand

Os voy a hablar de esta cosa porque me parece curiosa. Aquí en alemania, todos los productos que tienen este símbolo -- el de la imagen -- tienen Pfand. ¿que qué es el Pfand? Pues más o menos viene a ser una tasa que te cobran por contaminación, y que luego te devuelven si vuelves con los envases para que estos puedan ser reciclados. En términos lumbrerenses, más o menos algo como "Pascual, tráeme los cascos cuando vuelvas, que te llevas perricas".

Viene a ser parecido a lo de las botellas retornables de allí, pero para compradores particulares y en los supermercados. Por ejemplo, caundo te compras una cervezaca de esas de medio litro de cristal, si la llevas de vuelta de dan 8 céntimos. Y entonces tú piensas: por 8 céntimos no voy a llevar la botella ni picao. Pero no acaba ahí la cosa. Por ejemplo, por una botella normal de litro y medio de agua te dan 25 céntimos, y una botella por cabeza al día como poco... ¿a que ahora sí irías y las devolverías? Pues eso es lo que hacen los alemanes, ir con sus bolsas llenas de botellas vacías al supermercado y meterlas en la máquina del Pfand. Párate por favor un momento y echa cuentas. Luego aprovechan la bolsa para la compra, que aquí hay que pagarlas siempre, no os vayáis a pensar que eso lo inventaron en la super ordenada, limpia, y lujuriosa cadena de supermercados Dia%. Las latas de cerveza, Red Bull, etc. también tienen Pfand, y las botellas de plástico, y algunas cosas más.


El tema funciona así. Tú llegas con tu bolsa, y hay como un cajero automático con un agujero con una cinta trasportadora. Vas poniendo una a una las botellas. La máquina se las chupa, te reconoce qué tipo de botella es, y te va acumulando una cantidad. No vale espachurrar las botellas para ahorrar espacio, que ya me he tirado media hora esta tarde soplando botellas, que me he puesto más colorao que el de los clarines. Luego, le das a un botón verde y te sale un ticket con dinero acumulado que lo puedes canjear en la caja. Esta tarde, por ejemplo, por 7 botellas de agua y una de cerveza me han soltado casi 2 euros. Imagina una familia.

A ver, esta gente no te regala nada, pero aparte de obligarte a reciclar, te da la oportunidad de que recuperes ese dinero. En España, como somos unos carneros -- que lo somos -- pues directamente te cobran la pasta y ya tú en tu casa reciclas, o mandas la botella a tomar viento, pero la pasta no la ves. Además, ayudan a que las calles estén más limpias. Aquí no hay gente en la chatarra, pero sí algunos vagabundillos con su carro lleno de botellas que van limpiando por ahí -- ya os conté que la gente deja las botellas fuera de las papeleras para que éstos puedan sacarse sus perrillas. Teníais que ver el carro de botellas que llevaba un fichaje anoche, que daba gana hasta de quitárselo, ir a cobrarlas, y seguir de fiesta con la pasta.

Pero lo mejor de todo, lo mejor, es que como buen tío de los pollos me enteré hace poco, y he tirado multitud de botellas a la basura sin saberlo. Oro puro. Y encima endemoniao siempre, con la desidia aquí siempre con las botellas de la mierda, siempre por el medio, cuando escondían un precioso tesoro. Pues eso, Pfand.

jueves, 17 de febrero de 2011

Siempre ella (2 de 2)

Bueno, os cuento la segunda parte mientras me como un trozo de Toblerone y se me llenan las muelas de empastes, la virgen!! que pejiguera, ¿quién inventaría esto? Por cierto, me he cenado un bocata de jamón que ni salchichas, ni kebap, ni currywurst, ni roulade, ni ná. Tenemos que montar un puesto ya... necesito un camello de sobres de jamón.

Después de esta pequeña muestra de orgullo patrio, creo que me quedé contando cuando me paré en el puente para poder ver todo lo que tenía delante. Una vez me recompuse, decidí seguir corriendo y volver ya para casa, pero por un camino nuevo por si pillábamos alguna sorpresa más.

No corro ni 200 metros y me encuentro el Bundesregierung, o lo que viene a ser en alemán, edificio monstruoso donde trabaja la super amiga de Zapatiesto -- la Merkel -- y todo su equipo de comegambísticos trajeados. Teníais que ver el edificio. En la parte frontal -- la de la primera foto -- se puede ver un cubo gigante de cristal y hormigón blanco presidido por una estatua de Chillida, una especie de peines del viento abrazándose. Pero lo más impresionante es la largura. Yo corrí, corrí, corrí... y corrí, y eso seguía. Con una altura de unas cuatro o cinco plantas -- como los dos brazos que se ven a los lados del cubo -- el edificio se extiende a lo largo del río, como podéis ver en la tercera foto. Supongo que ahí estarán todas las oficinas centrales de cualquier cosa, y que ese es el motivo de que sea tan grande. Por cierto, el prefijo Bundes- significa federación, que el otro día lo pregunté porque tenía ya curiosidad. Alemania es un conjunto de estados federados.


Todo eso era a mi derecha, porque a la izquierda estaba la casa de Paul-Löbe. Esta maravilla es un edificio legislativo que se encuentra a la orilla del río. Como podéis ver en las fotos, tiene infinidad de formas, y en todas las paredes hay algún tipo de fusión cristal-hormigón que te deja embobado. Ya leí hace tiempo que Berlín era un referente para la arquitectura, y no tardé mucho en darme cuenta. Edificios como éste se ven pocos. Por cierto, con luces gana, aunque un día soleado tiene que ser la magia.


Seguí corriendo viendo pasar el edificio del Bundesregierung de nunca jamás, que no se acababa ni pá tiros. Como era bastante repetitivo, decido meterme para el jardín-bosque. De momento empiezo a escuchar música y a ver un aura entre roja y morada. Sale del medio de la oscuridad, de entre los árboles, a ver... ¿un cabaret? Pues sí, un cabaret que parecía un circo de 5 pistas, con tantas luces que parecía un resort de puticlubs. Ahí, sin venir a cuento, en medio de la nada. Sigo corriendo y puedo oír a una mujer cantando, y luego aplausos. Parece que hay bastante gente.


No corro más de 300 metros y me vuelvo a topar con otra maravilla. La casa de la cultura -- The Haus der Kulturen der Welt. Por lo que he podido leer, este edificio es un espacio para albergar cualquier tipo de manifestación cultural, ya sea cine, danza, teatro, pintura,... A lo lejos puedo leer un cartel informando de la Berlinale, que se está llevando a cabo durante esta semana y algunos días más. La verdad es que el edificio está bastante guapo, sobre todo iluminado, que por eso es por lo que os he puesto las fotos. Lo malo es que ese día estaba apagado, pero volveré a pasar a ver si tengo suerte.


Sigo corriendo asimilando todo lo que he visto: los puentes y los edificios de los aledaños, el barrio mestizo, el puente de la vista espectacular, el edificio de la Merkel, el de enfrente, el cabaret, y la casa de la cultura. Mucha tela para un mismo día, tendría que haberlo dosificado, aunque en la guía que utilizo para planearme las rutas no salía tanta cosa. Sin embargo, todavía quedaba algo más: la residencia del presidente.

Obviamente el presidente no iba a vivir en un piso de 30 metros cuadrados, por lo que se pillo este modesto chalet. La verdad es que es un palacio bastante considerable, aunque el diseño no es muy llamativo para lo que ya había visto. Lo que mola es la pedazo de explanada que tiene delante, de un césped limpio de hojas y perfecto que llega hasta la carretera por donde iba corriendo.

Ya no falta mucho para llegar, y la verdad es que me estoy empezando a cansar un poco. Pero antes, no sé cómo me las arreglo, no sé cómo siempre termino pasando por allí, pero siempre aparece. Siempre ella.


El tío los pollos reflexiona:
Vamos, lo mismico que de mi casa al Poli, y del Poli a mi casa. Aunque no me quejo, que conste, que ese aire fresco con olor a hierba que viene desde lo más profundo de Moncada cuando ya vienes de vuelta medio asfixiado, no tiene precio.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Siempre ella (1 de 2)

El otro día volvió a ser una corrida espectacular.

Decidí volver por las calles Alt-Moabit Strasse y Turmstrasse, que son las que recorrí los primeros días porque era donde estaba el hostal en el que me hospedaba. Creo que por eso es por lo que les tengo un especial cariño. Estas dos calles están el el barrio de Moabit, un barrio situado al norte del barrio donde yo vivo, y en el medio un río que los separa. Por lo tanto, lo primero que tuve que hacer fue buscar un puente para llegar a Moabit.

El tema de los puentes es especial en Berlín. Hay bastantes, ya que hay varios ríos que atraviesan la ciudad. Pero lo mejor de todo son los edificios que te encuentras en los alrededores de los ríos, ya que es donde suelen situarse algunos de los hoteles y edificios públicos. Darte una vuelta por la noche y ver esos edificios encendidos, y con las luces reflejándose en la oscuridad del agua, es una cosa que no hay que perderse.


Una vez crucé el río me adentré en Moabit. Este barrio es bastante mestizo, ya que se mezcla gente de bastantes sitios: indios, árabes, paquistaníes, turcos, etc. Esto desemboca en que hay bastantes tiendas, comercios, puestos de comida, bares, cafeterías, etc. y cada uno de su padre y de su madre. Una de las cosas típicas que puedes encontrar por la tarde son los puestos de fruta, que suelen ser bastante grandes, aunque la mayoría de fruta italiana, ya que es más barata que la española. La española suelen venderla en supermercados, y muchas veces va etiquetada como producto "gourmet".



En este barrio también hay un montón de edificios de corte antiguo, iglesias, y casinos electrónicos y casas de apuestas. Sí, vicio hay en todos lados.

 
Al final de esta calle, en una zona aislada, el restaurante "Paris Moskau". Es como una casa típica pero pequeña, y la verdad es que es bastante bonito. Dentro se puede ver a la gente con cara de estar bien calentita y a gusto -- no como yo corriendo por la calle --, aunque no tiene pinta de ser de lo más barato de Berlín.


Pasado este restaurante llegas a Willy-Brandt-Strasse, que realmente es un puente que te permite volver de nuevo al Tiergarten, y en el que puedes encontrar varias figuras y esculturas. Algunas de ellas están en las farolas, y otras sobre la propia baranda del puente. La verdad es que están bastante bien, aunque por la noche no se aprecian con claridad. De repente miro a la izquierda para ver si vienen coches, y me paro.


Me tengo que parar. De repente aparece delante de mis ojos una panorámica para quedarse allí tres o cuatro horas sin moverse. Ahí, sin venir a cuento, como quien no quiere la cosa. Y sin embargo, fue una de las cosas mas bonitas que he visto en mi vida -- por lo menos para mí.

(voy a intentar describirlo con ayuda de las fotos, aunque en verdad la perspectiva no era la misma que vosotros podéis ver)

Me paro y miro de izquierda a derecha con cara de tonto. Vuelvo a empezar la segunda vuelta, ahora con más cara de tonto, pero con más paciencia. Lo primero que te encuentras es la HauptBahnhof -- estación central -- de Berlín. Es un edificio gigante de cristal a la orilla del río, iluminado por todos lados con unas luces que van desde el color natural hasta el azul. Entre los edificios, unas galerías también de cristal que entran y salen, son los andenes. Está saliendo un tren. Una fila de luces inmensa sale desde ese amasijo de cristal y luces. Lo sigo con la mirada. Puede que sea de largo como del cruce hasta el Albanta -- mensajeras? no, no tensajero. Os lo prometo, es el tren más largo que he visto nunca. Lo veía como una serpiente de colores que se iba metiendo en los edificios de la derecha, y todavía seguía saliendo. No era posible, pero sí lo era, y lo estaba viendo.


Sigo el tren con los ojos. Mientras se adentra en un edificio iluminado de un color morado parecido al del hotel Esplanade, puedo empezar a apreciar el skyline del Mitte, el centro-este -- y también norte, ya os explicaré lo de los cuatro centros de Berlín -- de la ciudad. Sobresale la antena de la televisión, cómo no. Tiene algunas luces fijas, otras parpadean. Alrededor de ella, un montón de edificios iluminados de diferentes formas. Empiezo a buscar sitios que conozca. La cúpula iluminada del Reichstag -- parlamento -- llega a verse. Tengo que subir antes de que la cierren al público, si no la han cerrado ya. Dicen que es alucinante. El tren ya ha pasado, pero no llegué a fijarme cuando terminaba de salir. Os lo prometo, era inmenso. Nunca había visto uno así.

Creo que ya está bien. Llevo más de 5 minutos parado. Ojalá hubiera tenido la mejor cámara que echara las mejores fotos por la noche. La hubiera fundido, y hubiera merecido la pena. Ya no tengo ni ganas de correr ni de ná, pero tengo que volver. Lo mejor es la cosa no terminaba ahí.

domingo, 13 de febrero de 2011

Das Fahrrad, mein Fahrrad


Pues nada, aquí está la máquina.
Esta mañana me he ido al mercadillo de segunda mano -- léase FlohMarkt para los alemanes, o Rastro para los madrileños. He ido al de Mauerpark, uno de los más grandes -- creo -- de Berlín. Estaba nevando pero no importaba, porque aunque parezca mentira, aquí cuando nieva la temperatura se "suaviza" un poco.

Después de dar unas cuantas vueltas, y de quedarme con algunos precios, me he decidido por ésta. No es la más bonita -- como se aprecia en la foto -- pero era la que tenía una mayor relación calidad-precio. Yo iba mirándole las ruedas y los piñones como si le fuera mirando las dentaduras a los caballos. Había otras de paseo que molaban más, aunque eran más caras. Y lo peor, más golosas para que venga alguien y te la sirle, que aquí lo de las bicis es como allí lo de las antenas de los coches, vuelan. Además, las ruedas estaban algo cocidas. Al final me he pillado la mountain bike esta, que tenía buenas ruedas. ¿El precio? 40 pavos, más 5 para el candado que me he pillado en otro puesto.  encima le he sacado al tío un timbre de regalo, que aquí son imprescindibles. Negociazo!! Además, creo que con lo fea que es no me la van a querer robar, aunque no hablaré muy fuerte por si acaso.

Respecto al mercado, estaba bastante bien a pesar de estar sobre tierra, que con el tema nieve y lluvias de ayer estaba un poco embarrado. Y haber, había de todo, de todo lo que os pudiérais imaginar: vajillas, mobiliario, bisutería, discos antiguos, especias, fruta, bolsos, pañuelos, prendas de abrigo, lámparas antiguas y otras antigüedades,  ropa nueva, ropa de segunda mano, picaportes -- sí, picaportes antiguos --, cosas nuevas, cosas usadas, bicicletas, grupos de música tocando en directo, sitios para comer, etc. Y sí, también mucha mierda, para que nos vamos a engañar. Y por cierto, muchos españoles también.

A la vuelta me he venido con mi bici más contento que unas pascuas -- me he perdido dos veces, pero eso no era lo importante --, ya que mañana podré ir al curro en un segundo, podré ir a comprar en mi bici, y podré hacer cosas que se hacen con bicis, que aquí en Berlín son muchas.
Esa es mi bici, das ist mein Fahrrad.

sábado, 12 de febrero de 2011

Alexanderplatz - Tierra en la boca

El otro día me fui a visitar Alexanderplatz, o "Alex" como la llaman los berlineses. Miro la guía y el nombre es por un zar ruso, Alejandro I. Alexanderplatz es un lugar situado en el centro-este de la ciudad, algo más al este que la zona de la Puerta de Brandenburgo, y en ella confluyen varias líneas del transporte público -- metro, tren, tranvía, etc. -- así que si vienes a visitar Berlín pasas por aquí sí o sí. Además, con un paseo de hora u hora y media te permite ver todo lo que os voy a contar aquí, y seguro que mucho más.

Lo primero que ves al salir de la estación es una plaza rodeada de edificios. Entonces te preguntas, ¿tanto Alexanderplatz para esto? Además, pasé por aquí el otro día cuando me fui de fiesta con unos españoles -- ya os lo he dicho antes, que pasas fijo. Pues nada, andemos un poco.

Lo primero que te encuentras en la plaza es el reloj de la hora mundial. Es como un cilindro grande y estrecho que tiene dibujado el mapa del mundo sobre el que se pueden ver el nombre de las capitales más importantes. Luego, una pieza metálica con las horas va girando, de manera que si buscas tu ciudad puedes ver -- bueno, intuir -- la hora que es. Sigo andando, me vuelvo para ver la plaza desde otra perspectiva y... zasca!! Una pedazo de torre del quince con una antena que llega a arañar las nubes que había aquella tarde. Empezamos bien, esto me va gustando, pero ya volveremos.



Sigo andando un poco y paso por el Berliner Rathaus. Esto no me gusta mucho, sigo andando.



Un poco más abajo está la Nikolaiviertel. Esta iglesia de estilo barroco tampoco es para tanto -- a mí es que el tema de las iglesias... --, pero lo mejor es el entorno. Todas las calles están empedradas, y de vez en cuando te puedes ir encontrando con alguna escultura que otra, y algunos jardines. El río también está cerca, lo que le da un toque especial, como más antiguo. En esta parte también hay muchos comercios guardando una estética tradicional, que la verdad están bastante bonitos, pero tienen una pinta de caros que no veas.


Andando hacia la catedral te encuentras la estatua de Marx y Engels, dos de los padres de la teoría comunista. Está bastante chula, aunque yo tuve la mala suerte de que estaban haciendo obras alrededor ese día. De todos modos la pude apreciar sin ningún problema.

Después de la estatua pasé por el Berliner Dom, que es la catedral protestante de Berlín. En la guía puedo leer que fue una de las catedrales más castigadas por los bombardeos aliados -- lo mismo es porque está en pleno este de la ciudad ;-)
Sigo andando y justo enfrente hay un parque bastante básico, vamos, una pradera con césped. Está lloviendo, pero hay gente justo en el centro del parque haciendo un corro, cogidos de la mano. Empiezo a extrañarme, pero aún me extraño más cuando veo que se han molestado en ir marcando el césped -- como un portero de fútbol lo hace con los pies para marcar con rayas los límites de la portería -- para hacer un corazón gigante. En el medio del corazón gigante están ellos. Los observo, y están contentos, aunque tiene pinta de secta o algo así. Probablemente era su día. Probablemente no llegaran al día siguiente ;-) Cuanto colgao!!


Bueno. Sigo mi camino y me dirijo a la isla de los museos. Antes paso por un puente, cruzo el río, y llego a un mercadillo -- en Berlín son muy típicos en fin de semana, sobre todo en domingo. El tema principal -- todos suelen tener un tema principal -- era el arte y la artesanía. Creo que es un indicador de que la isla de los museos no está muy lejos. Por cierto, empezaban a caer auténticos "chuzos de punta", y no los de el Puerto, que aquí duelen más. Empiezo a acordarme del maravilloso calor que hace en mi residencia gris.

Paso el mercadillo y me adentro en el temazo de los museos. La verdad es que la zona es impresionante. Como podéis ver en las fotos, está todo lleno de edificios antiguos entre los cuales se van adentrando los ríos. Conforme los ríos se retuercen, puedes ir encontrando algunas obras de arte y edificios en algunas de sus curvas, y también algunos puentes que merece la pena ver. Lo mejor, el museo Pergamon -- la guía dice que si sólo pudieras ver un museo en Berlín, sería este -- y su entorno. Es precioso. Ya está mereciendo la pena la lluvia.


Salgo de la isla de los museos -- no sé por qué se llama isla -- pasando por el famoso puente Friedrichbrücke -- brücke es puente en alemán. No sé por qué es tan famoso, tampoco es para tanto. Ah sí! las vistas, no me había fijado.

Bueno, vámonos a la torre de la televisión que tengo ganas de tomarme algo caliente. Sigo andando hacia la torre -- es fácil encontrarla, incluso sin guía -- y pasa como con los molinos de viento, pero a lo recio: cuanto más te acercas, más la flipas, y más te duele el cuello.
Exacto. La torre es más larga que un día sin pan, incluso más que la torre Eiffel de París. Tiene como una pelota arriba en la que hay un mirador. Aparte de ser caro -- unos 15 pavos o así -- no hace buen día, y en la guía dice que hay que subir los días claros. Además, prefiero poder estar en ese mirador con alguien para poder compartir lo que ves. Con alguien de los primeros que venga lo haremos.

La torre es un símbolo en Berlín, como podréis apreciar cuando vengáis. Además, aparte de estar bastante bonito el poder apreciar el skyline de Berlín por la noche con la torre de fondo, te sirve como punto de referencia, por si te pierdes o te pones piripi, o las dos cosas, que no es muy difícil aquí en Berlín.


Vamos para la estación. Dos horas buscando los servicios y... mierda!! hay que pagar. Después de evacuar, busco una cafetería para comprarme algo caliente, que me lo he ganao! Un café con leche para llevar y un muffin -- lo que viene a ser una magdalena gorda -- de chocolate. Me voy a poner las botas. Me subo a la estación, cerca de los andenes. Creo que es el mejor sitio para leerme en la guía todo lo que acabo de ver; mientras escuchas la gente pasar, los trenes ir y venir, y te deshaces de los mendigos diciéndoles un simple Entschuldigung!, que vienen a ser lo siento -- sí, mi padre me dejó la herencia de que se me peguen todos los mendigos y los desalmados, qué le voy a hacer.

Me siento en mi banco, mi guía de Berlín en mis rodillas. A mi izquierda la magdalena y el café con leche. Le pego un bocado a la magdalena. Cojo el vaso de café con leche, que era uno de esos vasos desechables con tapa para que no se te salga, pero con un agujero para que te lo vallas bebiendo. Le pego un trago, y siento cómo todos los malditos volcanes del planeta tierra se funden en mi boca. Su puta madre!!! Mientras ese delicioso magma volcánico entraba en mi boca mis ojos se abrían como dos antenas parabólicas de la torre de la televisión que acababa de ver. Iluso de mí -- iluso de mí -- pensé que cuando esa dulce lava de color "dolor abrupto" pasara por el trozo de magdalena que ya llevaba en la boca, el tema temperatura extrema se iba a calmar -- sí sí, como cuando piensas que ese fatídico pedo que te acabas de tirar debajo de tu edredón nórdico de Ikea nunca alcanzará tus narices impregnadas del olor del gel con el que te acabas de duchar. Y una mierda como un camión de Paconsa!!! La magdalena se desintegró mientras se me iba quemando toda la boca, tráquea, esófago, y así hasta llegar a los dedos de los pies. ¡¡¡ La virgen !!! Se me quitó todo el frío de golpe.  Una vez me pude recuperar de aquello, y después de haber perdido por completo el sentido del gusto, terminé de comerme la magdalena y de beberme el café con leche, eso sí, soplando, Adán!!

Lo peor vino después. Una vez que mis papilas gustativas cayeron como hojas de árbol caduco después de muertas, y la temperatura de mi lengua se redujo de 1000ºC a 999ºC, parecía que había venido el del Millán a descargarme un "dumper" de tierra en la boca, gravilla de mortero, de la que rasca. Y así me tiré más o menos como unos tres días, con tierra en la boca.


En esta ocasión, el tío los pollos...
...aconseja: si vienes a Berlín, no te fíes de ningún líquido que salga de un tubo o tubería. Tenías que ver cómo sale el agua de la ducha: si te pasas en un milímetro, corre.
...reflexiona: con todo el porsaco que dan en España los veterinarios a los comercios, cómo es posible que aquí en Alemania que se supone -- se supone -- están más avanzados que nosotros, no haya alguien comprobando la temperatura de los líquidos que sirven en los bares?
...observa: mis papilas gustativas están muy muy rojas, como que quieren salir de aquí, saltar, y morir en paz.