martes, 29 de marzo de 2011

Como un viernes de plaza, el día de los turcos

Bueno. Después de una semana con bastante trabajo y atendiendo visitas, vuelvo a la carga.

El día de los turcos es el sábado. El sábado por la tarde es un buen día para bajar a comprar fruta. Coges el metro, tres paradas, coges el tren, otras cuantas, vuelves a pillar el metro otras dos paradas y ya estás allí. Aunque no lo parezca, está cerca, para ser Berlín. Pero esto no lo hago yo en el Puerto así me mataran, para comprar fruta... digo.


Ya os comenté en otra entrada lo de los puestos de la fruta de los turcos. Estos puestos te los puedes encontrar por la calle. Tú llegas, te das una vuelta, eliges la fruta que más te gusta y luego se la das a uno de los turcos. Te la pesa, te pone la etiqueta de lo que vale, y no te la cobra. Y yo la primera vez me quedé así como a cuadros pensando: "¿y dónde pijos se paga esto?". Entonces el turco, al entender perfectamente el idioma internacional que hablaba mi cara, me dijo en el otro idioma internacional consistente en gestos con las manos mientras hablas alemán de fondo del que, obviamente, no entiendes ni papa: "primo, tienes que pagarla ahí dentro".

Y es que aquí te cargas las bolsas de fruta, y luego tranquilamente entras al supermercado, decides si quieres comprar algo más, y terminas pagando todo. Anda que iba a triunfar esto en España!! La mitad de la gente iría, cargaría las bolsas -- a más no poder --, entraría al supermercado, se daría una vuelta, y luego para casita y aquí no ha pasado nada. Hale, frutica gratis, pal chache. Como si lo estuviera viendo. Y es que precisamente es eso lo que mi mente perversa española pensó en el primer momento. No robar, sino que sería muy fácil robar, no seáis mal pensados.

Pero lo mejor es que estos turcos te venden fruta de cualquier tipo. Fruta del dragón (en la foto), pomelos de miel, mangos, papayas, manzanas de cuatro tipos, naranjas de tres, mandarinas gigantes, mandarinas pequeñas, plátanos grandes y pequeños, etc. También tienen verdura de cualquier tipo, aunque hay cosas que son difíciles de encontrar, como por ejemplo los pepinos.




Lo malo es que la mayoría de ellas no saben a nada. Supongo que llevan demasiado tiempo en cámaras como para tener un buen sabor. Las mandarinas tienen una piel muy fina que a veces cuesta quitársela hasta con un cuchillo. Hay muchas frutas que a pesar de tener una pinta brutal por fuera, por dentro no saben a nada. Los kiwis parece que tienen alopecia, que te dejan el cajón de la fruta que parece una bañera llena de pelos. Las lechugas y los tomates hay veces que saben igual, a cámara. Hay frutas que saben a un sabor indescriptible, es como sabor a ausencia. ¿Dónde está esa huerta del Segura, los campos del Guadalentín, o los invernaderos de Almería? Muy lejos, y metidos en camiones.

Con razón mi compañero de trabajo, que estuvo en la Gomera hace un mes, vino diciendo que aparte del clima lo mejor era el sabor de la comida, que estaba todo mucho más bueno que aquí. Y es que sobre todo en el tema frutas y verduras es verdad, se nota mucho. Algunos españoles dicen: "les vendemos lo peor, pobrecicos". Pero no, no los vendemos lo peor, compran lo peor. Que no es lo mismo. Eso sí, si te gastas el doble o el triple puedes comprar una fruta mucho más buena, aquí etiquetada como gourmet, pero que es como la que tenemos allí en España, por lo menos en el sur. A veces merece la pena gastarse ese dinero, pero no todos los días puede ser fiesta.

Pero bueno, melacolías aparte, los turcos también tienen su truco del almendruco. Sí, son algunos de ellos son chorizos. Las primeras veces que compras intentan echarte ellos la fruta, y te ponen la buena arriba y la chunga abajo, así le van dando campo. Luego, cuando te has fichado a los pájaros ya les dices: "no no, yo me la echaré, que tengo manos, no seas tan servicial". Además, son más finos que el coral poniendo las etiquetas. Las ponen que no se nota nada, todo perfecto, y luego cuando llegas a tu casa y destapas: sorpresa!!! Un picado, un golpe, un agujero, etc. cualquier cosa que antes no estaba ahí, pero que ahora te obliga a meter el cuchillo hasta el fondo.

Pero a pesar de todo, tienen otra cosa muy buena. Y es que si no has podido ir el sábado, también puedes ir a comprar en domingo a unos puestos que tienen montados en una de las estaciones, cuando te recoges de alternar. Toda la fruta y verdura de la semana. El frigo lleno, ahí, contento y con alegría, como cuando llego a mi casa los viernes desde Murcia, viernes de mercao, viernes de plaza.

domingo, 20 de marzo de 2011

Amaneciendo y con vistas al río

Este viernes estuvimos en Watergate. Watergate es una discoteca rollito techno cerca de Warschauer Strasse, a la que puedes llegar desde la parada del metro de Schlesisches Tor -- toma nombracos!! para decirlos con cuatro cervezas en el chaleco.


Pues la verdad es que la discoteca está bastante bien, a pesar de pagar 12 pavos para entrar, y vérnolas negros para que los porteros nos dejaran pasar: o vas con mujeres, o ya te puedes ir para tu casa. La discoteca tiene dos plantas, pero no es que sea demasiado grande, así que dentro de lo que cabe es medio fácil buscar a los demás cuando se te pierden. En la planta de abajo la música es más tranquililla, y en la planta de arriba es algo más movidilla, por llamarla de alguna manera.


Dentro... pues una discoteca: bailoteos, cervezas, copas, gente, peste a sudor, alguna que otra perfilla con olor alemán -- sí, huelen diferente. Mis pedos fueron los primeros en aprender algo de alemán --, y ambiente en general. Pero una cosa me llamó la atención. Estábamos en la sala de arriba cuando, de repente, el personal de la discoteca se pone a echar como unas cortinas completamente opacas que no te dejaban ver el paisaje que puedes apreciar mientras bailas, que como podéis ver en las fotos, es de lo mejorcico de la discoteca. Las dos torres que se ven están construidas en un puente que cruza el río, y por el que pasa el metro -- a veces el metro sale a la superficie. A la derecha, un montón de edificios iluminados se reflejan en el río creando un efecto bastante chulo. ¿Y por qué cerraban las cortinas? Muy simple. Para que el personal no viera el sol. Vamos, para que no te vayas. De repente, unas de las amigas que venían con nosotros y que ya habían ido a la discoteca nos dicen: vamos a ver amanecer.


Y es que esa es una de las mejores cosas de la discoteca. La sala de abajo tiene como unos cojines-sofá en los que puedes repanchingarte y ver amanecer mientras escuchas música, te terminas de tomar la copa, y si tienes suerte, tocas magra. Al fondo puedes hacer lo mismo, pero bailando. La música cambia un poco para adaptarse al rollito "ver amanecer", y hacer un poco mejor ese último rato en la discoteca. Vamos, para que no te vayas, como antes.




Mientras estás tirado en los sofás, o bailando, empieza a iluminarse el día. Las vistas al río y su entorno son impresionantes. Desde las cristaleras puedes verlo todo. También se puede ver una terraza flotante en el río -- la penúltima imagen -- en la que parece que hacen fiestecillas cuando llega el buen tiempo. Habrá que volver, ¿no?

El día del padre, el día de los borrachos

No, no voy a felicitar a mi padre por el blog, a un padre no se le felicita por aquí. Escribo esto porque para nosotros, en España, el día del padre es un día de fiesta para muchos, en el que -- los que pueden -- salen a celebrarlo, a tomarse unas cañas si hace buen día, o a comer por ahí. Se compran tartas, regalos, etc. Y ya si en la familia hay Josés, pues ni te cuento. Pues bueno, en Alemania no existe el día del padre, ¿tendrá cojones la cosa? Estoy indignado.

¿Cómo es posible que exista el día de la madre -- 8 de Mayo creo que es este año -- y no el del padre? ¿Dónde está la paridad, sociedad-super-adelantada en la que vivo? Bueno, pensando que no podía ser posible me puse a buscar, y le pregunté a mis compañeros, y os explico a lo que más o menos he llegado. El día del padre existió de alguna manera en el pasado, aunque se fue degenerando hasta terminar en el "Herrentag", que viene a decir algo como "el día de los hombres". La verdad es que debió de haber degenerado hace tiempo, porque mi compañero dice que no tiene ni idea de la existencia de ningún día del padre.

Pues bueno, lo que se hace en el "Herrentag" -- que creo que este dos de Junio, que por cierto, es festivo -- es lo siguiente. Los grupos de colegas -- sólo machos -- quedan para hacer básicamente una de estas dos cosas: irse de bares y ponerse hasta el bollete de cerveza, copas, etc; o irse al campo y ponerse hasta el bollete de cerveza, copas, etc. Vamos, en realidad la fiesta consiste en una sola cosa: ponerse fino hasta que se te salten las lágrimas. Le pregunté a mis compañeros si por lo menos iban los padres con ellos, en plan hoy es el día del padre y salgo con él. Pero no, la cosa es en plan colegueo, y eso sí, como indican las siglas de ese deporte llamado GOLF, "gentleman only, ladies forbidden", o lo que viene a significar "sólo para hombres, prohibido las mujeres".

Bueno, he dicho que no iba a felicitar a mi padre porque ya lo felicité, pero sí aprovecharé para darle la enhorabuena a uno que le falta poco para serlo, y también a la futura madre. Gracias por convertirme en chache.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Silencio, se baila

Este viernes, como cada viernes, estuvimos de fiesta. La noche tenía otro plan pero rápidamente cambió, como siempre. Un par de llamadas, mensajes en el Facebook a última hora, gente nueva que se apuntaba, todos españoles e italianos,... total Pascual, que nos juntamos unos 15 para irnos de fiesta. Como suele decirse, "tos en maná".
Al principio fue difícil ponerse de acuerdo -- como suele pasar cuando sales tropecientos y la oferta es variada --, aunque estábamos en Kreuzberg, uno de los barrios en los que hay bastantes bastantes sitios para irte de fiesta, por lo que tarde o temprano acabaríamos en buen puerto. No sé a quién se le ocurriría, pero de repente empezamos a andar todos con algo de sentido común: parece que hay acuerdo.

Llegamos a un bar que se llama "Möbel-Olfe". Entramos y no tardé ni 10 segundos en darme cuenta que era un bar de ambiente. Fue fácil: el 90% de las parejas no eran heterogéneas, así que estaba cantado. Seguimos para adentro intentando hacernos hueco, ya que éramos más de mil y el sitio estaba más cotizado que el barril de crudo en los tiempos que corren. Y la verdad es que el bar estaba de puta madre -- perdona la expresión abuela, pero es que es así. Música folk y country de la que se puede escuchar, buen ambiente -- no malinterpretéis --, las bebidas no eran demasiado caras, se podía hablar con el de al lado sin problema,... Vamos, para volver. Un apunte más: vi a la segunda mujer con bigote en Berlín. Y tú diras: "qué exagerao!!". No, bigote bigotón, como el piloto.

A ver. Entre los camareros -- la mayoría de ellos -- se notaba la tendencia de apuntar hacia la ambigüedad, muy de moda ahora si habéis leído algo del tema moda últimamente. Entonces para algunos de ellos era verdad que te costaba diferenciar si eran hombre o mujer, por la forma de vestir, el cuerpo, etc. Pero la tía esta, que se le notaba a la legua que era una tía, tenía bigote. Si señor. Un bigote con un par. La primera fue una reponedora de un supermercado. Esa no iba de rollo ambiguo ni nada, simplemente que tenía bigotazo y perilla. Es una cosa que te impacta y repugna a la vez, no sé, como ascazo y repelús. Me jode hasta acordarme.



Cambiando de tema, una vez salimos de allí decidimos ir a la discoteca Lido. Para llegar a esta discoteca tuvimos que coger el metro para hacer movernos una parada más al este. Aquí todo el mundo -- o casi todos -- salen utilizando el transporte público, por lo que no hay problemas para luego volver a casa si vas mamadín. Lo malo es que es bastante común echar más de media hora para volver a casa cuando te recoges, y eso no mola tanto. Bueno, que me desvío.

Entramos al hall de la discoteca-antro. Pagamos 6 euros, un par de apretujones con el portero, el cual estaba más preocupado de que no saliera ruido a la calle que de que la gente pudiera entrar con todos sus miembros intactos, y ya estamos dentro. Ais. Nada más entrar una sala con música rock algo hardcore demás, aunque luego cambiaron y se pinchaban temazos de los buenos buenos. Para las bailongas no resultaron tan buenos, pero ya era tarde para irse a otro lado, y encima habíamos pagado. Pero antes de esta sala, había que dejar el abrigo. El guardarropa estaba al fondo. Echamos a andar, bastante muchedumbre, y de momento un silencio que aquello no era normal.


Miro para un lado, para el otro, todo lleno de gente, no hay música. Coño!!! la gente va con cascos!! Exacto, era una "silent-party", o lo que en lumbrerense viene a ser una fiesta silenciosa. A ver, la cosa iba de la siguiente manera: en un lado hay tres DJs pinchando música, cada uno a su bola; al otro lado el guardarropa y una pequeña barra, eso no nos interesa; y en el centro, un montón de gente con cascos que baila y canta como si estuviera en la ducha, pero sin el ruido de la ducha, que disimula. Pagando una fianza de 2 euros podías pillar unos cascos. Una vez que te los ponías, sintonizabas la frecuencia correspondiente al DJ que más te gustara, y listo. La gracia es sintonizar lo mismo que tus amigos, porque si no te mueves a distinto ritmo y cantas -- bueno, cantar cantar...-- cosas diferentes.
Lo primero que se te viene a la cabeza: ¿pero esto qué es?, vaya paranoya!! Pero no, la verdad es que estaba bastante bien, ya que era una forma diferente de enfiestarte. La verdad es que al principio ves al personal con los cascos, poniendo cara de tontos -- porque había bastante luz --, y cantando como los ángeles, pero del infierno. Pero era ponerte los cascos y unirte a la fiesta, que ese es el objetivo final, enfiestarse.

domingo, 13 de marzo de 2011

Dos euros

No lo puedo evitar. Cada vez que veo algo que me recuerda a una persona, pienso en ella. Pero es que es siempre, es automático. Sin querer he hecho relaciones entre personas y cosas, y esa gente se me viene a la cabeza en cuanto mismo veo algo como, por ejemplo, un mostrador lleno de quesos, o cuando veo infusiones o panes de pipas, o cuando compro galletas saladas, cuando veo guisos de bote, o gente haciendo mountain bike. Pero hay una cosa curiosa que hace que me acuerde mucho de mi padre: las monedas de dos euros.


A mi padre -- ya para quien no lo sepa lo destapo aquí -- le encantan las monedas de dos euros. Bueno, a todos nos gustan, pero a él más, de una manera especial. Raro es el día que no va dos o tres veces a la caja y hace lo siguiente: plac, plac, plac -- imaginaos el sonido al coger las monedas de la caja arrastrándolas con el dedo por la rampa que tienen los huecos de las monedas en las registradoras --, y se va andando ahí todo contentillo mientras zurre las monedillas dentro del bolsillo de su pantalón. Y es que diréis: anda que vaya una historia que nos está contando éste. No, que esto tiene su trasfondo, y es que aquí en Berlín vas siempre cargado de monedas de dos euros. No es una casualidad, me pasa todas las semanas, siempre terminas con el monedero a reventar de monedas de dos euros. Las dos primeras semanas pensé: pues será casualidad; pero no, llevo 6 semanas y siempre termino igual. Intrigado por este extraño suceso empecé a darle vueltas a la cabeza, y creo que descubrí el motivo: es una técnica para fomentar el consumo. Sí, sí. Os lo explico.

Tú llegas a una tienda, pongamos, con tu billete de diez euros, y te compras una birraca de esas de medio litro que en la calle valen sobre 1,50€. Sueltas tu billete y pongamos, la viejecilla dependienta, te devuelve 4 monedas de dos euros y otra de 50 céntimos. No un billete de 5€ y el resto, no, monedas de dos euros y luego completa la vuelta. Y esto es así el 95% de las veces, os lo prometo, para que te suelten billetes hay que darse topazos. Luego, tú te vas refunfuñando y pensando algo como "hay que joderse con la vieja esjraciá que me ha cargao de monedas". Mientras, la viejecilla -- que es Rodrigo Rato en potencia -- se queda pensando algo como "sí sí, tu refunfuña pero luego ya veremos" mientras se queda con su sonrisilla de tiburón de las finanzas. Y vosotros diréis: qué técnica ni qué tontería?. Vale, esto que hace la vieja lo hacen en todos los establecimientos. ¿Qué consiguen? Pues cuando vas a comprar 3 o 4 veces tienes el monedero que te rebosa monedas. Tú lo miras y puedes pensar dos cosas:

1) la virgen!! estoy forrao. Voy a fundirme algo que me voy a hacer el más rico de San Damián.
2) yaaaaassshhh, como me pesa el monedero!! Voy a desalojar un poco.

Ambas opciones terminan en lo mismo: quemar viruta. Y es que amigas y amigos, las monedas vuelan antes que los billetes. Aparte de pesar más, la volatilidad es mayor y se te van de las manos que da miedo. Si tú llevaras billetes pensarías lo siguiente: "Ay mis billeticos míralos ahí todos junticos, que alegría de monedero. Voy a dejarlos como están, no se me resfríen". Pero como vas de monedas de dos euros hasta los ejes, que llevas el bolsillo del chándal estirao que parece que va a salir un canguro de repente, pues les das campo rápidamente. ¿Y qué pasa al final? Pues que como todos te devuelven monedas, todos te incitan a que te gastes el dinero antes. Lo mismo el que te devuelve las monedas no las pilla de vuelta, pero pillará las que te hayan dado en otro lado, y así de simple. Merkel 1 - Zapatiesto 0.

Hagamos un simple cáculo pensando en el Puerto. Supongamos 5000 personas en edad de comprar, que por la técnica alemana de los 2 euros se gastan a la semana, pongamos, 4 euros más de lo normal. Esto viene a darnos 4x52x5000 = 1.040.000€, más de un millón de eypos al año para los comerciantes del pueblo, es decir, para los que generan riqueza y pagan sus impuestos para que la cosa funcione. Ahora haz la cuenta para los más de 80 millones de personas que hay en Alemania. ¿Merece la pena? Yo creo que sí. Aseplu, a qué esperais?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Esto es Berlin (y II)

La cosa se quedó por el viernes. En España tenemos el dicho "los viernes son viernes" para expresar, de cierta manera, que el viernes curramos un poco menos porque estamos pensado ya en el finde. Solemos hacer los almuerzos algo más largos y especiales porque es viernes, sueles hablar más de la cuenta con los compañeros y compañeras, y cuando salimos hacia casa -- sobre todo los que no curramos ese día por la tarde -- con una sonrisilla de oreja a oreja les dices a tus compañeros: "buen finde!!", y te vas ahí nianianianiania para tu casa. Aquí en Alemania el dicho difiere un poco por su forma de ser, porque aunque los viernes sean viernes en todos lados, los alemanes "los viernes a partir de las 13:00 hacen lo que quieren". ¡¡Con dos cojones!! Antes de la una ni hablar, no se vaya a ir a pique el país. Eso dice mucho de una filosofía y otra.

Bueno, que me lio. El viernes fui a la ópera. Era una de las cosas que quería hacer en Berlín -- más accesible que la de conducir un Porsche a toa flema por una autopista --, y cuando me enteré que uno de los italianos curraba allí cantando ópera vi el cielo abierto. Una entrada para la ópera en sitio excepcional, centrado, a media altura, y cerquita del escenario, por 7.5€. Fuimos a ver el Barbero de Sevilla. Dos horas y media de ópera que de verdad me gustaron mucho, aunque al ser en italiano con subtítulos en alemán, cuando el diálogo se ponía pesado ya como que le faltaba un poco de acción. Mi idea sobre la ópera cambió, ya que pensaba que sería más aburrida, pero la verdad es que se parecía bastante a una obra de teatro, y encima los directores metían cosas así graciosillas para que te fueras riendo.



Despues nos fuimos a cenar con mis amigos y con otra gente, la mayoría cantantes de ópera -- algunos eran los que acababan de actuar. Eran tres estadounidenses y una israelí, que por cierto, me cantó un trozo de una canción de la traviata que me encanta, y que entre eso y lo buena que estaba, ay omá!!!
Esa noche terminó en fiesta tranquilita, rollo pub y esas cosas. ¿Algo reseñable? Tardé una hora exacta entre la puerta del último bar y mi casa. Y a las 5 de la mañana eso duele aún más de lo que te acababas de imaginar.

El sábado durante el día fue tranquilito, por razones obvias. Por la noche me fui con mi vecina y nos acoplamos a la fiesta de un colega murciano. La verdad es que no estábamos invitados, pero allí el personal nos recibió con los brazos abiertos. Habían muchos españoles, y algunos alemanes y suecos. Dos murcianicos, que se agradece escuchar el acento aunque no sea como el nuestro. Pues resulta que el murciano -- Julián -- también es cantante, así que to dios artista aquí. Allí nos bebimos todo el material que nos habíamos comprado en el turco -- aquí no hay chinos -- más una cervezaca que les sustraje del frigo -- Julián, si me lees, ya te pagaré una, fue por una buena causa.
Y luego nos fuimos a un sitio un poco surrealista: "el bar del ping-pong". O como yo le llamo: "el antro del ping-pong". Total, que llegamos a la puerta de un bar, pasamos un pasillo y un par de puertas, y zas: por lo menos 20 o 30 personas jugando al ping-pong "cocíos como mervas" dándole vueltas a la mesa jugando a aquel juego que ya os conté una vez. ¡¡Que cosa más rara!! te dirás. Pues sí, eso mismo dije yo a mi colega italiano, a lo que él contestó: "Esto es Berlín". Y la verdad es que tenía su sentido.



A ver. El bar te cobraba una fianza de 5 euros por pillarte una raqueta, que luego te devolvía. La cosa consistía en ponerse fino y jugar al ping-pong -- si es con una cerveza en la mano y la pala en la otra, mejor que mejor. Tú te metías en el corro y dabas vueltas; que te tocaba a ti, pues a mandarla al otro lado sin cagarla. ¿Qué pasa? Que yo nunca lo había probado, pero cuando vas algo torero -- aunque sea un poco -- no das buenas ni la mitad de las veces, que no es broma. Y a un crack del ping-pong -- ejem -- eso lo único que me provocaba eran más ganas de jugar y jugar, porque te tenías que salir de la ronda y esperar a la siguiente, mientras los demás ahí dándole caña. Mira que idea más simple: bar de mierda, aspecto de mierda, sillones de mierda, música algo mierdecilla, el bar lleno. ¿Por qué? Por una simple mesa de ping-pong. Pero que el personal se llevaba hasta su raqueta y todo. Así de simple, así de efectivo. ¿Quiere llenar su bar? Llénelo de mierda y ponga una mesa de ping-pong, decenas de jóvenes le llenarán los bolsillos. Era para verlo, en serio.



Cuando ya abandonamos el auténtico bar del ping-pong nos fuimos a otra zona en la que hay como una vieja fábrica que la rehabilitaron, y dentro hicieron discotecas y pubs. La verdad es que la zona está bastante bien, aunque a las horas a las que llegas no son precisamente para hacer turismo. He visto que ahí también hacen conciertos y otros eventos; a ver si pillo alguno. Ahí es donde estaba el famoso puesto de la carne a la brasa, pero esta vez no pequé.

El domingo -- por la tarde obviamente de nuevo -- hice algo de turismo, aunque eso lo dejo para otro post.

lunes, 7 de marzo de 2011

Esto es Berlín (I)

Ésta ha sido una semana movidita. Todos los días he ido a trabajar religiosamente -- de todo menos eso -- de 8:30 a 17:30 como debe ser, pero la noche es joven en Berlín y hay que aprovecharla. Y es que esa es otra de las cosas que me gusta de aquí, que puedes hacer un montón de cosas y todos los días, no tienes por qué esperarte al fin de semana. Además, como esta gente no es de acostarse muy tarde son completamente compatibles con trabajar la mañana siguiente, aunque nuestro espíritu español hace que eso no se cumpla a rajatabla, ya sabéis.



El lunes no hice nada morque tenía mudanza, pero el martes ya empezó la cosa bien. Una amiga del Puerto que está pasando aquí unas semanas me invitó a cenar a casa de su novio. La verdad es que se portaron de lujo -- gracias desde aquí -- porque me hicieron una cena estupenda al estilo italiano: primero la pasta, y luego la ensalada. La verdad es que se agradece cuando estás fuera poder echar una noche de conversación en español, que desde que he venido aquí no había tenido ninguna. Y bien que la echamos, sobre todo mientras nos bebíamos dos botellas de vino ahí, copazo tras copazo, que eso ayuda en la conversa.

El miércoles siguió la cosa bien. Desde que vine a Berlín quería encontrar algún sitio en el que pudiera escuchar jazz en directo. Y la verdad es que no pudo ser mejor. Un día estando con unos de mis amigos italianos comenté la jugada, y resulta que ellos eran también jazzeros. Decidimos ir a la jam session que hacen los miércoles en un garito que se llama B-Flat. Una jam session consiste en que como el jazz puede tocarse improvisando, cualquier músico que haya en el público y lleve su instrumento puede subirse y tocar con los demás. A pesar de que los que tocan suelen ser habituales, hay gente que llega nueva y se une al grupo. Uno de ellos fue uno de los italianos que iba con nosotros. Sergio -- que así se llama el menda -- es un cantante de ópera y zarzuela, y al que también le gusta tocar el clarinete y la guitarra. Esa noche se llevó su guitarra para subirse a tocar, y aunque al llegar se echó un poco para atrás viendo el nivel que había, al final terminó tocando.


La verdad es que el bar estaba de lujo. Aparte del ambiente de jazz, la gente era bastante joven y el rollo era como de conversación en un lado, y de música en el otro. Que si te apetece ver a los músicos, para el escenario; que no, pues puedes tener tu rato de conversación mientras escuchas el jazz de fondo. También había algunos mayores, pero los menos. Y algún personaje que otro también. A mi lado tenía el típico de la gabardina gris y gorro de las películas, el cual en un momento que me di la vuelta nos estaba mirando con una cara bastante sospechosa. El momento de intranquilidad no duro mucho, pero que momento. El miércoles que viene volvemos.


El jueves también tenía movida. Hace unas semanas me enteré que habían dos españoles viviendo en los apartamentos a los que me acababa de mudar, y que estaban de prácticas en la universidad-empresa en la que yo estoy. Entonces se me ocurrió la genial idea de meterle una bola a la simpática de administración -- que por cierto está tremenda, añado -- y le dije que los conocía y necesitaba contactar con ellos, pero que quería el correo de la empresa para poder localizarlos por el comunicador interno. Aquí el rollo de socializar, reunirse, hablar, etc. se lleva mucho, así que no hubo ningún problema en que me diera los correos. Una vez en mi poder, les mandé un correo a esta gente que resultaron ser un chico y una chica de Madrid, muy simpáticos los dos, y con los cuales no tardé más de dos correos en quedar para tomarnos unas cervezas en el apartamento de la chica. Los tres, no penséis mal.

Segunda noche de conversación en español en la semana, eso era ya un logro. La verdad es que estuvimos de charla hasta bastante tarde, y es que son gente muy abierta y con la que se puede echar un rato agradable. Hablamos de varias cosas, pero destaco una en particular. Los tres llegamos a la conclusión de que siempre nos habíamos hecho la misma pregunta, que consiste en qué se ha estado haciendo mal durante muchos años para que tres jóvenes con carrera y con un montón de cosas que ofrecer tengamos que terminar en una habitación de un apartamento en Berlín, bebiendo cervezas, mientras se nos abre la boca porque llevamos todo el día trabajando para que uno o varios empresarios y empresarias alemanas ganen más dinero. No miro a ninguno de los dos lados porque esto no es cosa de poco tiempo, sino de muchos años, y es que hay que joderse. Con la falta que hay de sacar el país adelante y la gente preparada haciendo maletas para irse al extranjero, porque en España se comen literalmente, perdonen la expresión, una mierda. Españoles, paguen impuestos para pagar becas a nuestros jóvenes, que luego vendrá un empresario extranjero con dos dedos de frente y se los llevará gratis. Gracias por financiar el progreso de otros países. Es para pararse a pensar, y pedir que otros también se paren a hacerlo.

Bueno, mañana sigo que es muy tarde, y todavía queda bastante semana por contar...

viernes, 4 de marzo de 2011

Danke schön

Bueno. Algún avispadeti que sepa algo de alemán -- tampoco hace falta, es la primera palabra de cualquier idioma que aprendes cuando vas a un país nuevo -- puede saber ya lo que significa el título de la entrada. Pero para el que no lo sepa, significa "Gracias".

Y es que el otro día hice un mes en Berlín. La verdad es que va todo muy bien, no tengo queja, incluso algunas cosas mejor de lo que me pudiera imaginar antes de venir. Pero no es eso lo que os voy a contar, porque sé muy bien que eso ya lo sabéis. Y es por eso mismo por lo que os quería dar las gracias, por leer este blog que en principio lo hice para que la gente con la que habitualmente tengo contacto por internet no me preguntara siempre lo mismo, y tener ahí que estar repitiendo una y otra vez. Pero no, por lo que puedo ver hay bastante gente que lo lee, hasta mi abuela y todo -- un beso desde aquí, abuela -- que se ha gobernado quien le imprima las entradas y se las lleve a su casa, así que ya me he medio creado una necesidad de ir escribiendo de vez en cuando para comentaros cómo va la cosa por aquí.

Lo malo es que cada vez me cuesta más, porque tengo menos tiempo sobre todo por el tema del curro, y porque por la misma razón mi vida se va haciendo algo más rutinaria una vez que ya me he adaptado al medio. De todos modos, mi vida social mejora día a día, por lo que creo que alguna historia en condiciones podré ir sacando de vez en cuando. Además, escuchar cosas como "mi madre está enganchada como si fuera la novela de después de comer" o "es mi segundo Tuenti" hacen que me den más ganas de escribir.

Pero bueno, mi idea con esta entrada era aparte de daros las gracias, enseñaros que yo también puedo ver que la gente me lee, a qué hora, desde donde, etc. No es nada gracioso, pero puede resultar interesante y a la vez curioso.

Por ejemplo, con esta vista puedo ver todas las visitas de la semana -- hora por hora. Los bajones corresponden a las horas de madrugada, y los picos suelen estar entre las 11 y las 12 del mediodía, y luego entre las 10 y las 12 de la noche.



La siguiente imagen muestra el resumen de las visitas que he tenido durante todo este primer mes. Ahí tampoco es que se pueda apreciar de maravilla, pero por ejemplo los picos más notables son de la primera entrada, la de "Tierra en la boca" y la de "Los sobres de Elisa", que son las que más habéis leído.

También puedo ver las visitas de las últimas horas, con una precisión de un minuto. Hay algunas curiosidades como alguien, que no sé quien será, pero que entra muchos días entre las 7 y las ocho de la mañana -- buena hora para tomar un café y leer un poco en internet: la prensa, algún correo, y el tío los pollos.


Aparte de la frecuencia, también puedo ver la procedencia, aunque en este caso -- por motivos tecnológicos que no voy a ponerme a explicar aquí -- no es tan preciso. Aquí por ejemplo podemos ver los sitios de España desde donde recibo visitas. Hay en muchos sitios donde conozco gente, y probablemente se enteren del nuevo contenido cuando anuncio las entradas en Facebook o Tuenti, pero hay otros sitios de los que no tengo la más remota idea de quién está ahí detrás. Lo mismo llegaron por equivocación, o lo mismo se quedan a leer, eso ya no lo sé.


La pena es que todos los gráficos anteriores no los podéis ver porque sólo son para mí, pero este sí que lo podéis ver. En la parte derecha del blog, justo debajo de los anuncios en los que si pincháis de vez en cuando podéis hacerme más feliz y colaborar -- guiño, guiño --, hay como un mapa del mundo pequeño. Si pincháis en él podéis acceder al mapa grande, en el cual podéis ver las partes del mundo desde las que alguien ha leído alguna vez el blog. Lo curioso de este mapa es que por ejemplo, en las horas punta de visitas, puedes ir viendo cómo parpadean las cruces que indican ciudades en las que hay alguien leyendo el blog a la vez que tú. Es curioso.


Y nada más. Hay muchas más cosas que puedo ver, pero no es plan de ponerse pesado. Además, mi única intención era deciros esto: Gracias.

PD: por cierto, si alguna vez os da gana de hacer comentarios no os cortéis, que a mí me hace una ilusión tremenda ;-)