lunes, 25 de abril de 2011

Tío feteles

Me has pillado de improviso. Pensaba contártelo cuando llegara... pero bueno, te lo adelanto por aquí. Siempre a veces tan impaciente, aunque tus motivos tendrás, y esta vez sí que los entiendo más que nunca. Aquí te cuento un poco sobre estos tres meses en Berlin, a modo de resumen.

Para empezar, resultó ser verdad que el frío tampoco era para tanto. Más de una vez te conté que me habían dicho que no me preocupara demasiado por este tema, pero no me lo terminaba de creer. Al final me sobró ropa de abrigo, y ahora cargado para España para hacer el cambio de temporada. La cuestión era abrigarse bien y no pasar demasiado tiempo en la calle, cosa difícil para nosotros. Te mentiría si alguna vez no he echado de menos un sillón como el tuyo, ahí con su par de manticas y la estufica enfrente, sobre todo cuando venía con los pies como el mármol.

El trabajo al pelo, abuelo. Hago lo que quiero y soy mi propio jefe. Estos alemanes son dedicados, currantes y buenos en sus cosas, aunque nada de lo que asustarse. Casi desde el primer día tengo libertad de movimiento, ya que aquí más que en ningún sitio soy dueño de mis ideas. Además, siempre tengo compañeros y compañeras que me ayudan y me proporcionan lo que necesito cuando lo necesito, así que nada de lo que quejarse. Por otra parte, esto no es la panacea como pensamos desde España. Aquí las cosas también están difíciles, sobre todo para la gente que no tiene ningún título o escasa formación profesional. Además, Berlin es una ciudad de las más pobres de Alemania -- aunque no lo parezca -- y el trabajo no es que abunde.

Y respecto a la vida aquí, pues qué te voy a contar que no sepas. Sé que preguntas mucho y que te llegan las noticias. Amigos, alterne, viajes de aquí para allá, vueltas con la bici, esto es un no parar. Creo que lo mejor de la ciudad no son los monumentos -- que son bastantes y algunos de ellos preciosos --, sino vivirla. Ir de un sitio para otro, buscar rincones de los que te han hablado alguna vez, y poder tomarte una cerveza o tumbarte al sol -- o ambas cosas a la vez -- cuando te apetezca, con quien te apetezca, y en el sitio que te apetezca. La cultura del "tú haz lo que te dé la gana, pero sin molestarme ni a mí ni a los demás" está bien instaurada, y la verdad es que en muchos momentos se agradece. Aquí la gente suele ser más educada y respetuosa, aunque a veces -- sobre todo a los nativos -- les falta algo de "salsa", de gracia, por decirlo de alguna manera.

También he encontrado un par de bares buenos para ver el fútbol. Esa tradición que empecé de pequeño contigo no la he perdido, y menos aquí en Alemania, donde lo más español que me queda es el fútbol -- bueno, y ese trozo de salchicha "prensá" en el armario que se merece un altar. Lo malo: aquí no hay tapicas de ensaladilla como aquellas que nos comíamos en el Forraje los domingos por la tarde. Tampoco hay Bitter KAS. Lo bueno: puedo decir burradas de vez en cuando y descargarme, porque la mitad del personal no me entiende. Todavía me acuerdo del "no digas nada, porque como alguien te conteste me lo como" y de aquel gol de Giovanni que subió tu tensión, y también la mía. Lástima no haber visto al Murcia dándole guerra al Madrid o al Barça, aunque creo que nací demasiado tarde como para sentir esos colores de verdad.

Por cierto, no paro de ver Mercedes antiguos por aquí. Parece una religión -- ¡¡Dios nos salve, Mañas!! --, ya que los dueños y dueñas salen todos los domingos de buen tiempo a lucirlos en procesión. Cada vez que veo uno me acuerdo de ti y de la abuela, dando viajes a Garrucha a ver a los primos, y pegándome pescos con la Almu en el asiento de atrás. Cómo le soplabas al coche ¡artista!, y bien que respondía el joío. Todavía me acuerdo de la cinta de Farina debajo del apoyabrazos, aquella en la que salía con un gorro cordobés torcido. Todo un clasicazo... te gustaban los grandes. A ver si lo arreglo -- lloverá bastante mientras, lo sé -- y nos damos una vuelta ahora que puedes montarte conmigo. Te prometo la primera, pero nada de ponerme la mano en la palanca de cambios, que me llevas siempre en tensión.

Bueno, ya voy terminando, que luego dicen que me enrollo. Me han dicho que has pasado por mi casa a preguntar por mí. Que te has comido un palo -- aunque sepas que el palo te lo mereces tú -- y que te has ido al bar a ver a las payas sin esperarme. Bueno, esta vez te lo perdono, pero prométeme que te lo pasarás bien hasta que yo llegue. Es como si te estuviera viendo. Pinchete, camisa por dentro, manos en la parte de atrás de la cintura. Olor a colonia todavía húmeda, en tu cara tus gafas de poli malo, y tarareando tu canción esa que no tenía principio ni final, pero que nunca perdía la melodía. De postre un par de tortas en la cara -- con cariño, claro -- con ese par de manos ásperas con olor a limón que nunca olvidaré.
Te quiero mucho, y muchas gracias, tío feteles!!

sábado, 23 de abril de 2011

Tacheles: un icono caído (y II)

Prosiguiendo con la visita a Tacheles, vamos a meternos dentro a investigar un poco a ver lo que hay.


Lo primero que nos encontramos son unas escaleras. Las paredes no presentan hueco posible en el que se pueda poner tu nombre o pintar lo que sea, ya que están completamente pintarrajeadas y escritas. Quizá un garabato cualquiera aislado en una pared no tenga mucho sentido y quede feo, pero esos miles de garabatos, uno al lado del otro, forman una especia de mural que queda bastante bonito, sobre todo como fondo de una foto que viene a ser típica entre todos los visitantes que vienen a verla.

Lo peor de esta parte: el olor a pipí. Creo que más de un cerdo o cerda se dedica a mear en la parte de abajo cuando está de fiesta por la calle, o simplemente cuando va a visitar la casa. Eso, juntado con que allí no ha entrado fregona en varios años, pues la cosa macera y aquello huele que alimenta. Sólo es una de las escaleras, por suerte.


Conforme subes las escaleras puedes entrar en los talleres de los artistas que allí trabajan. No sé cuántos habrán, pero son unos cuantos. No pasa nada si entras y te das una vuelta para salsear un poco en su trabajo. No te dicen nada, principalmente porque la mayoría de ellos ofrecen parte de su trabajo que puedes comprar, ya sean obras de arte o recordatorios producidos a gran escala. De algo tienen que vivir.


Seguimos subiendo y nos encontramos con el cine. Esta parte es inconfundible, ya que el terciopelo rojo de las paredes te envuelve nada más entrar allí. En la actualidad, esta parte está más dedicada al tema de bar que al de cine, aunque siempre es agradable pasarte por allí a tomarte algo.


Finalmente, en la parte de arriba encuentras la parte más comercial. Desde recordatorios de la casa hasta láminas de un artista entre cuyos cuadros -- allí expuestos -- podemos encontrar uno en el que parte del collage la componen unos huesos de conejico frito y algunos desperdicios más. Tiene su gracia, la verdad, aunque da un poco de asco si lo piensas mucho. También hay un estudio de tattoos, y algunos puestos de marroquinería bastante curiosa: hacen pulseras, colgantes, y otro tipo de bisutería con tenedores antiguos.


En definitiva, merecía mucho la pena darse una vuelta por allí y beberse una cerveza en la parte de atrás mientras comentabas lo que te había parecido la visita. O a echar un ping-pong mientras degustabas un maravilloso latte-macchiato recién hecho, y donde siempre había algún turco disponible para retarte, y bastante ciego como para no ganarte -- vaya repaso el de aquel día. La verdad es que sigue mereciéndola, aunque ya no sea la mismo. Aunque ya se hayan vendido casi del todo.

martes, 19 de abril de 2011

Tacheles: un icono caído (I)

Tacheles ha caído. Tacheles -- se pronuncia "tágeles" -- es la mítica casa okupa de Berlín que se encuentra en Oranienburger Strasse (ver). Así, comentando por encima su historia -- y que alguien me corrija si me equivoco, porque lo cuento de memoria --, Tacheles fue un viejo centro comercial, y el cual tras darle varios nuevos usos, y tras la caída del muro, el personal del artisteo okupó para evitar su demolición y así aprovechar sus espacios para convertirlo en un referente cultural-alternativo.
El problema es que esta gente -- gran parte de ellos -- se ha terminado vendiendo, así que ya no queda ni la mitad del entramado que había. Como yo he tenido la gran fortuna de verlo, os hago una visita virtual con esta entrada. Allá vamos.


Como podéis ver en la foto, Tacheles tiene un aspecto ruinoso por fuera -- y por dentro -- que permite rápidamente identificarla la primera vez que intentas buscarla. Primera impresión: "aquí va a haber mierda por un tubo". Impresión acertada, aunque se trata de "mierda con encanto". Nuevo concepto. Entramos por la puerta principal, la cual nos conduce hasta lo que podríamos llamar un corral. Ese corral está dividido en dos partes.

Una de esas partes contiene talleres de algunos de los artistas. A destacar: el que hace esculturas soldando pedazos de hierro. Para mí el mejor. En las fotos podemos ver algunas de ellas, las cuales pueden llegar a medir hasta casi 4 metros, quizá algo más. Bueno, no sé, todo lo que pasa de dos metros y medio me cuesta medirlo. Pero que son grandes. En el estudio tiene otras más chiquitas que las puedes comprar para ponerlas en casa o un jardín. A mí me encantan, pero prepara billetaje.




En la otra parte del corral tenemos "la playa del Tacheles", ahora devastada. Esta parte tenía arena como de playa. Además, un pequeño escenario de madera, y un montón de bancos y mesas para sentarte a disfrutar del ambiente y tomarte alguna que otra cervecica. En el centro también podemos encontrar un pequeño chiringuito de madera, y unas cuantas obras de arte repartidas por la arena que consisten en asientos de coche soldados a una plataforma con muelles. Parecen divertidos, pero tienen más mierda que el palo de un gallinero. Descartamos probalos.
Miramos hacia arriba y podemos encontrar algunos grafitis -- más bien murales -- bastante chulos pintados en la pared de Tacheles. Si te esperas a que se vaya la luz y se enciendan la luz de los estudios, es una imagen que ninguna cámara puede guardarla. Merecía la pena.


A esta parte dan la terraza de dos de los bares que se encontraban en los bajos del tacheles: el Zapata y el Studio 54. Para mí el Zapata es el mejor. En general es un pub bastnte oscuro. Tiene una barra decorada entera con figuras de hierro forjado y soldado -- yo creo que la hizo el artista de antes -- que parecen cobrar vida desde lo más hondo del bar. La parte de arriba también está decorada con figuras de hierro. Entre ellas un dragón que escupe fuego de vez en cuando. Como lo oyes: fuego. Es una llama que se encuentra a una distacia prudencial de las cabezas, obviamente, pero las primeras veces te mete unos pasmos de la hostia, que saltas de la silla. Todo oscuro, la música, el buen rollito, y de repente se ilumina todo y ves el dragón escupir fuego: la hostia pijo!! -- como buen murciano. Un traguico pa relajarnos. Ains. Cuando vas con alguien nuevo los segundos se te hacen eternos para que el camarero le de rienda suelta al frenesí del dragón.


Una vez hacemos parada y fonda, volvemos para entrar a la casa y seguir salseando el ambientillo. Eso va para la segunda parte. Aunque mientras os deleito con un par de las obras de arte que hizo el pólvoras aquella tarde con su cámara esperando el Tran en la puerta de Tacheles.


domingo, 17 de abril de 2011

No tiene precio (II)

Berlin podrá tener algunas de las mejores bibliotecas de Europa, muchos escritores de renombre en su historia, un festival internacional de literatura, y en definitiva, una de las colecciones literarias más importantes de Europa.

Pero cagar con un ejemplar de "el jueves" en la mano... no tiene precio. Yo creo que está ahí ahí con la tortilla de patatas para ver cuál de los dos es más español.
El otro día me lo trajo mi hermano y prometo leerme hasta la última coma. Gracias bro.

viernes, 15 de abril de 2011

Mauerpark

El mercadillo en el parque de Mauerpark es uno de los Flohmark -- mercadillo de segunda mano -- más famosos de Berlin, sobre todo entre los jóvenes. Nada más llegar empiezas a ver riadas de gente hacia el mismo sitio, así que no es muy difícil encontrarlo, sólo hay que seguirlos.

 

Conforme vas entrando en el parque -- y sobre todo si hace buen tiempo -- puedes ver cómo la gente se tira en plan lagarto a tomar el sol por toda una ladera que discurre por todo el lateral del parque. En la parte de arriba hay unos columpios gigantes que algún día tengo que probar: subirse y encanarse al máximo para llegar cuanto más alto posible. Esa es la cuestión.


Lo mejor de todo es que conforme te vas dando una vuelta por el parque, te vas encontrando con un montón de grupos de música, bandas de percusión, raperos, artistas de todo tipo, etc. Para mí es lo mejor del parque. Puedes escuchar música de calidad sin pagar un chavo -- si nunca les echas monedas, como yo --, a la vez que ellos se dan publicidad, venden algún disquillo, y se dan a conocer. Tengo que empezar a no ser tan gorrón y comprarle algún disco a alguien, que hay algunos grupos realmente muy buenos.


 


Una vez entras en el mercadillo, puedes encontrar miles de cosas. Desde una colección inmensa de discos de vinilo, los cuales puedes comprar desde dos euros, hasta la mayor tontería que se te pueda pasar por la cabeza. Este finde le decía a mi hermano y a Gema que intentaran hacer el "top ten" de las mayores mierdas del mercadillo. Imposible, siempre encuentras algo peor que lo anterior.

 


En el mercadillo también se puede comer. Puedes encontrar casi de cualquier cosa: salchichacas -- por supuesto --, kebaps, sopas, comida vegetariana, pasteles árabes, filetes de carne, etc. y todo tipo de bebidas y cócteles. También hay una zona habilitada para que puedas comer sentado con lo que te hayas comprado por cualquier puesto, y descanses un poquico.



Pero sin duda, la mayor atracción es el karaoke. Un día a un colgado y dicharachero personajillo -- muy espabilado y con mucha labia, por cierto -- se le ocurrió llevarse un par de altavoces, un par de sombrillas y un ordenador, y montarse un tambanillo de karaoke en Mauerpark. La cosa fue mejorando hasta convertirse en lo que podéis ver en las fotos.





Creo que podéis apreciar la cantidad de gente que va a ver el karaoke. Mirad en qué se ha convertido el chiringuito. La verdad es que te lo pasas de lujo, porque son muchos los que bajan ahí y se atreven a cantar. Hay algunos que son unos muermos, o que cantan como el culo, pero otros mueven a la gente, que es cuando más mola. El que consigue camelarse al público puede hacer que todo el mundo cante, o que le aplaudan los gallos, o simplemente que te ayuden si ven que la canción se está poniendo complicadilla. Luego, los comentarios del speaker son también bastante buenos -- eso sí, en inglés --, ya que no se corta mucho al decirle a la cara a los cantantes, por ejemplo, que no tienen ni papa de cantar. Sin duda alguna, echas un buen rato y bastantes risas.
¿Y el negocio? El tío pasa el bote cada dos o tres canciones, así que a euro por cabeza más o menos, echadle cuentas.

viernes, 8 de abril de 2011

Bigote bigotón

Bueno, ya es que no me puedo aguantar, ¡¡¿es que las mujeres alemanas no han entendido que los bigotes femeninos NO MOLAN?!!

Están por todas partes, no paro de verlos, me persiguen. Vas en el metro. Enfrente de ti acaba de sentarse una tía muy guapa, con unos ojazos impresionantes. Se baja la bufanda, una piel morena que no parece de aquí, labios bonitos y... aaahhh!! bigotazo. Pero muchacha, con lo guapa que eres, ¿cómo puedes tener ese bigote? Otro ejemplo. Vas andando, figura escultural a la vista, tremendaza. Te acercas, la miras, te mira... bigotón!!! Pero por favor, que alguien pare esto!!! Y lo peor de todo es que ya estoy emparanoyado, y lo primero que le miro a una mujer es el bigote.

A ver, yo tampoco soy aquí mister Di Caprio para exigir nada, pero un poco de dignidad bigotal, por favor. Que eso es un tironcillo de nada, media tarde con el bigote en erupción, y quedas estupenda. Es como si yo estuviera tremendo, y me asomaran unos pelacos por el sobaco cual rastas. Pues no.


Después de algún tiempo he podido analizar los distintos tipos de bigote de la mujer alemana. Los describo a continuación:

Pelusilla lateral.
El bigote de pelusilla lateral es aquel que aparece sobre la comisura de los labios y se extiende ligeramente hacia la parte central de la boca. Aquí hay algunos que son perdonables, como por ejemplo esos rubitos que sólo se ven al trasluz. Sin embargo, hay otros que son tipo Rigodón, que ya empiezan a ser imperdonables. Tirón rápido y todos contentos.

Adolescente ingenuo.
Éste es aquel que cubre toda la zona del bigote, con pelos ya oscuritos, y algo separados entre sí. Con este no hay excusas de "ah, pues no me he dado cuenta". Cada vez que te miras en el espejo lo aprecias, y cada vez que te lavas los dientes tienes que limpiarlo, así que nada de tonterías y a quitárselo.

Machorro leñador ambiguo.
Este es aquel que os conté del bar Möbel-Olfe. Por lo que parecía -- que alguien me corrija si estoy equivocado o si quiere aclarar el percal -- aquella mujer de aspecto ambiguo estaba super orgullosa de su bigote, y lo lucía con un arte digno de la situación. Seguro que su pareja estaba encantada de la virilidad rebosante de ese bigotazo. Aprobado.

Extreme bizarre.
Este me dejó marcado. Sí amigos, cada vez que vuelvo al REWE, esa visión vuelve una y otra vez a mi cabeza. Sí. Reponedora de atuendo rojo, rozando los treinta, entrada en carnes, pelo bastante espeso -- esto también es otra cosa bastante común aquí en Berlín --, y bigotazo -- pero bigotazo con un par de cojones -- incluyendo una perillaca al estilo bigote de "adolescente ingenuo". Además, con lo blanquita que era la cosa no iba nada más que a peor. Dios, pero que asco. No podía apartar la mirada, era imposible, mientras aquel show macabro se quedaba grabado al fuego en mis retinas. Si es que cada vez que me acuerdo se me quita el hambre; debería poner una clínica de dietética. Por más que lo intente, nunca me olvidaré. Estaba colocando pizzas en la vitrina congeladora. No me compro una pizza en el REWE ni picao!!!

Y nada, este es un problema con el que tendré que luchar día tras día, qué le vamos a hacer. Eso sí, sólo son unas cuantas, menos mal. Gillete y Vett, aquí hay un campo de negocio que no os lo creéis ni vosotros. Haced algo, por favor.

viernes, 1 de abril de 2011

A little bit

"A little bit" viene a significar algo así como "un poco". Y esa es la respuesta que te dicen muchas personas aquí en Alemania cuando tú, incapaz de hablar cosas en alemán que no tengan nada que ver con pedir comida en un restaurante, decir tu nombre y cuántos años tienes, y cosas unidireccionales del estilo -- porque cuando ellos te hablan tú no lo entiendes --, preguntas educadamente: "¿sabe usted hablar inglés?"


Un poco, te dicen. Pero te pones a hablar con ellos y te das cuenta de que ese "poco" es, probablemente, más inglés que el que hablan el 95% de los españoles. Muchas veces más inglés que el que yo mismo hablo, que trabajo todos los días hablando y leyendo en inglés. Y ya los jóvenes universitarios ni te cuento. Todos. Mucha gente viene al despacho a preguntar cualquier duda, y cuando se avalanzan a preguntarme algo en alemán les corto y les digo: "sooo, en inglés, que soy foráneo". Acto seguido, sin pestañear, cambian a inglés sin ningún problema, y te lo cuentan como si tal. ¿Eso en España? Años luz.

Obviamente no todo el mundo habla inglés en Alemania, pero la diferencia con España es abrumadora. ¿Qué hemos estado haciendo? ¿A qué nos hemos estado dedicando todos estos años? ¿Es que no nos damos cuenta de que estamos atrasados? Hace unas semanas, una noche que habíamos quedado unos cuantos de diferentes nacionalidades, nos pusimos a hablar mientras nos bebíamos unas buenas cervezacas alemanas. Los lenguajes usados eran varios, aunque el que predominaba era el inglés. Uno de nosotros no hablaba inglés, sólo italiano. Uno de nosotros era un auténtico marginado. Imaginaos la escena: unos quince jóvenes hablando, contando historias, riendo, y uno que no se enteraba de un pijo, sólo lo que le llegaba traducido muy de vez en cuando. Si soy yo ese me pego un tiro... vaya noche.

Y es que no nos damos cuenta, pero hay que ponerse las pilas. Nos tendrían que haber metido el inglés hasta por el culo -- perdón por la expresión -- ya desde hace años: películas, dibujos animados, series, etc. Si la mayoría de los de mi generación y alrededores entendemos el Valenciano de ver los dibujos en Canal 9. ¿No tendríamos ahora un mejor inglés? Así, además de aprender inglés, hubiéramos aprendido a escribir castellano, que esa es otra. Mi abuela siempre me dijo que las haches, las bes y las uves las inventaron para distinguir a los tontos de los listos. Yo, como investigador, aplico mis técnicas en este post y, basándome en el trabajo previo de mi abuela, expongo que Facebook, Tuenti y demás instrumentos de comunicación en Internet se han inventado para sacar a la luz a esos tontos y a esos listos. Si es que por favor, no digo que seamos una mezcla de Cervantes y Shakespeare, pero una miajica.

No se trata de hablar un inglés perfecto. De hecho, una cosa de la que nos estamos dando cuenta aquí es que existe como un nivel estándar de ingles, en el que estamos la mayoría de las personas no nativas que intentamos aprender este idioma, y que usamos para comunicarnos entre nosotros. Luego, cuando alguno en un grupo habla un inglés a un nivel de calidad por encima de el de los demás -- por ser nativo, o por cualquier otra razón --, en qué nos vemos de entenderlo, tienes que hacerte el oído tierra para comprender lo que dice. Y si tiene acento, apaga y vámonos. Así que no hace falta ser la Reina Madre.

Menos mal que, en los últimos años, algunos dibujos animados se están atreviendo a poner algunos contenidos en inglés. Pero el problema continúa si tu hijo o hija ve esos dibujos o películas, pero luego tú o el colegio o instituto al que va no sois capaces de continuar esa formación. Es un problema que va desde lo más profundo de las casas hasta la punta de la lanza de nuestro Gobierno. Y también es un problema de ganas. Creo que seguiremos atrasados muchos años... muchísimos.