martes, 14 de junio de 2011

Un finde en Hamburgo: por el día

Hace algunas semanas, bastantes ya, fuimos a Hamburgo. Paco, Andreana, Manuela --sí, son italianas-- y yo nos montamos en un tren regional a las 7 de la mañana rumbo a esta ciudad, que se encuentra al oeste de Berlin, y un poquito más al norte (ver). Viajar en los trenes regionales es un auténtico aperreo, porque se paran en muchos sitios, y tardas en llegar la vida. Eso sí, son mejores que nuestros cercanías, y encima hay un billete que se llama "schönes Wochenende" --que viene a decir algo como "fin de semana agradable"-- y que por 40 euros pueden viajar hasta cinco personas todo lo que quieran durante ese día, y en esos trenes.



Una vez que llegamos, nos pusimos a recorrerla guía en mano. Hamburgo tiene cantidad de edificios históricos de estos puntiagudos de estilo centroeuropeo que tanto nos gustan. ¿Iglesias? Por un tubo. ¡¡La virgen!! --nunca mejor dicho--. Yo no sé si es que esta gente se tiraba todo el día rezando, o tenían subvención, o un Plan-E de iglesias, pero construyeron de sobra. Pero bueno, como a mí el tema eclesiástico no es que venga mucho --ups!!--, donde más me detuve fue en el Ayuntamiento, que este sí que mola.

El Ayuntamiento en sí no es que sea un edificio que te deje ojiplático: es grande y bonito, tiene muchos detalles puntiagudos --siguiendo la tónica alemana--, tejado verde --no falla--, nada en especial. Pero el ambiente que hay en esa plaza sí era especial. Mucha gente por allí. Movimiento por todos lados: coches, bicis, bici-taxis, gente comiendo, gente bebiendo, y artistas, muchos artistas. Además, fue el primer día que hizo calorcito de verdad. Eso significa "alemanes enloquecidos por cualquier mínimo reducto en el que entre la luz solar". Y así fue.


En el centro de la ciudad hay un lago muy grande. Una de las principales cosas que caracterizan a este lago es un auténtico "chorraco" en plan géiser que sale desde la profundidad. Nosotros tuvimos suerte de que aquel día hiciera bueno. La gente se agolpaba en los laterales del lago tomando el sol vuelta y vuelta, torrándose la piel cual pollos en la máquina, ya que debería de hacer, por lo menos, 25 grados. Y yo ahí, con mis pantalones de pana, mi chaqueta, mi palestina, y mi gorra, ¡¡con dos cojones!! ¿Y yo qué iba a saber, si el día de antes en Berlin nos estaba lloviendo y refrescaba de lo lindo? Pues nada, a remangarse.




Pero bueno, para mí lo mejor del lago llegó un rato después. Seguimos caminando, pasamos un puente que divide el lago en dos, y aparecen cientos de barcos de vela, barcas, patinetes, y cualquier elemento flotante que pudierais imaginar. Mientras una parte de mis ojos hacía chiribitas, la otra se acordaba del verano: la playa, el calor, los baños, la barca, el catamarán, etc. así que dije: "zagalicos, vamos a alquilarnos uno que yo remo, le soplo a la vela, o me agarro al agua con los dientes si hace falta". Pero no hubo suerte. Los barcos de vela parecían tener su propietario --cosa que no extrañaba al ver el "elenco" de coches que viajaban por aquellas calles--. Las barcas de remos y los patinetes eran gratis, lo que los hacía imposibles de pillar. Decepción al canto. Pero una llamada de unas amigas de Paco nos iba a terminar de solucionar la tarde.




El tema es que como gran ciudad alemana, Hamburgo también tiene su torre de la televisión. Y como buena torre de televisión, aquello era un punto de referencia claro y accesible. "Fiesta open air en la torre de la tele" rezaba el mensaje. Vamos para allá en transporte público. El de Hamburgo es más pequeño y más barato que el de Berlin, aunque eso no es muy difícil dada la monstruosidad de sistema de transporte público que aquí tenemos.


Llegamos a la torre de la televisión. A su lado una loma cubierta de césped. En un lado de la loma una fiesta tranquila, con gente haciendo corrillos, muchos de ellos haciendo barbacoa --deporte nacional--, y otros jugando a cualquier cosa o simplemente correteando descalzos. Hacía buen día, y aquello había que celebrarlo. Nos sentamos un poco a descansar, pero pronto nos dirigimos al otro lado de la loma, donde nos estaban esperando. Conforme nos acercábamos al otro lado de la loma aquello empezaba a temblar. Andamos un poco más y podemos apreciar una hondonada a la derecha. Unos pinchaban música, otros cientos --yo creo que más-- se agolpaban concéntricamente ante ellos, bailando, bebiendo, hablando, gritando, y todo lo que hiciera falta.



Lo mejor de todo era que se podía palpar en el ambiente que la gente estaba feliz, bastante feliz por el simple motivo de que hacía un día espléndido después de no sé cuántas semanas de frío, lluvia, aire, y cualquier elemento non-grato. Nosotros lo tenemos casi a diario, mientras otros lo celebran por todo lo alto. Había llegado la primavera.

5 comentarios:

  1. Charles Villamaggiore14 de junio de 2011, 12:05

    Y probaste las hamburguesas??

    Llevo tiempo diciendole a Rosa que quiero ir a Hamburgo, ahora me ha dao una mijita mas de ganas... Besines

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  2. bueno, tampoco es que haya contado mucho para no enrollarme demasiado. La ciudad es preciosa y está llena de movimiento, y se nota que la gente allí tiene bastante más pasta que en Berlín --véanse los carracos qeu por allí andaban--.

    Todavía falta la entrada de la noche ;-P
    Besikos

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  3. Eh, ahí estuvimos la otra vez también! Aunque llovía y tal...

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  4. ey peter!! que pareces italiano (o modernito)con la boina y el fular jejeje
    cuidate y nos vemos pronto
    luis

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  5. no es un fular, cacho gay, es una auténtica palestina DemocraciaRealYA xD

    yo también lo llamo salvavidas, porque cuando el frío dice de meterse por los huecos, se mete.
    en septiembre nos vemos...

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